martes, 19 de abril de 2011

Presentimientos.


Deambulaba por las calles como una vagabunda. Buscaba algo, pero no tenía la certeza de saberlo. Estaba oscureciendo y cada vez me sentía más y más sola. No reconocía aquellas callejuelas, ni a la gente que las recorría. Intentaba acercarme a cada individuo que encontraba pero era como si no me vieran. Me estaba empezando a asustar. Era realmente extraño. No entendía qué pasaba. Aterrorizada empecé a correr. Cada vez más rápido. Mis pies no querían detenerse. Presentían algo. El aire empezó a cambiar, a volverse más frío. Empezaba a notar que mis músculos se iban cansando y que cada vez les costaba más seguir el ritmo tan frenético al que iban. Sin saber por qué me paré en seco. Vi un detalle insignificante a primera vista en un cristal, a unos diez metros de mi. Me aproximé. Me dio un vuelco el corazón. Me vi reflejada a mi misma en un folio amarillento con fecha del 5 de junio del 1984. No entendía nada. Era imposible. Cada vez estaba más confusa. Decidí intentar hablar con alguna persona aunque mi anterior intento resultara fallido. Encontré a un joven de unos veinte años apoyado en la pared, con una sonrisa enigmática. Tenía el cabello castaño tirando a rubio y unas ondulaciones realmente graciosas. Sus ojos almendrados emanaban seguridad aunque sus manos denotaban impaciencia. Parecía que se sentía incómodo con mi presencia aunque eso último no lo podía asegurar. Empecé a aproximarme. Parecía que él ya lo sabía. Ni se inmutó, siguió en aquella posición hasta que me situé en frente de él. Me miró a los ojos y me dijo aquellas seis palabras más aterradoras que mis oídos podrían haber escuchado jamás: Bienvenida al mundo de los infelices.
Después de soltar una risotada socarrona, se esfumó como el humo. Como si no hubiera estado ahí. Lo único que había en aquel lugar que me asegurara que aquel individuo hubiera estado realmente ahí era la huella de una bota marcada en la pared.
Me desperté sobresaltada. Sólo había sido una pesadilla.
Aquellas palabras me persiguieron durante muchos años. En cada sueño, en cada pensamiento. No lograba olvidarme de aquella pesadilla. Aveces, incluso, creía oír aquella risa diabólica.

domingo, 17 de abril de 2011

Felicidad.


Me desperté sobresaltada. No sabía dónde estaba. De repente, una flor cayó sobre mi rostro. Miré hacia lo alto y descubrí que me había quedado dormida bajo un precioso árbol con las flores más bonitas que mis ojos habían visto en su corta, pero intensa, vida.Intenté recordar cómo había podido llegar hasta ese lugar tan perfecto, parecía irreal. El olor a campo me apaciguaba y hacia que cualquier pensamiento negativo se esfumara. Aquel lugar desprendía felicidad. Seguía sin saber cómo había llegado hasta ahí pero no me importaba. Me sentía a gusto rodeada de tanta belleza natural. A lo lejos, avisté una motocicleta discreta, con un libro sobre el asiento. Recordé de repente que horas antes me disponía a dirigirme a la biblioteca cuando me desvié y acabé en aquel prado precioso y decidí hacer un descanso tumbándome.Es extraño, pero cuando te sientes a gusto no quieres regresar a la realidad. Prefieres bloquear cualquier recuerdo que te haga volver. Recogí mis cosas y me dirigí hacia el camino correcto. Aunque intenté durante años volver a visitar aquel lugar, no lo volví a encontrar. Es como si el mundo me hubiera querido regalar unas horas de tranquilidad. Me sentí afortunada.

lunes, 11 de abril de 2011

Nubes

...nuestro ánimo es como las nubes: días nublados, dias despejados, días en que arrecia tormenta. Como títulos de crédito, nuestros pensamientos irán entrando en pantalla y saliendo de ella; sólo hay que observarlos e imaginar, tumbados sobre la hierba fresca, apoyada la nuca sobre nuestros brazos entrelazados, las formas con las que juguetean los algodonosos y deshilachados cúmulos; un día cualquiera, cualquier día de nuestras efímeras vidas, que, como nubes, desfilarán en el ancho cielo de nuestras mentes...

viernes, 8 de abril de 2011

Dulce

El dulce perfume del jazmín entra por las narinas hasta aposentarse en aquellos recónditos lugares del cerebro en que dormitan las más placenteras sensaciones del pasado: la leche condensada succionada del bote, los polos de limón a peseta en el puesto de helados del barrio, la tarta de manzana recién horneada exhalando su perfume a través de la entreabierta puerta del horno y una tira de regaliz rojo, dulce y ácido como la sangre que brotó cuando la espina de una rosa prohibida se clavó en la yema de santa teresa de mi dulce, lacerado y místico dedo.

jueves, 7 de abril de 2011

Cambios




Necesitaba liberarme.
Dar vueltas como una loca hasta caer rendida.
Desgastarme desgarrándome mis cuerdas vocales gritando hasta más no poder.
Echaba de menos la sensación tan placentera que se sentía cuando eres libre.
Cuando nada te importa o, simplemente, prefieres hacer como si no te afectara, así puedes disfrutar de la vida.
Aprenderé a construir un camino.
Pero esta vez, lo construiré con deseos.
Con ilusiones, esperanzas y sueños.
Y mi coraza habrá desaparecido para dar paso a una puerta, una puerta formada por un precioso jazmín con raíces entrelazadas. Aromatizando un camino. El camino que hay que recorrer para llegar hasta mi corazón.
Pero,
esta vez,
no estará custodiado por rosales con grandes espinas, que a la mínima se clavaban en la carne y arañaban a cualquiera que intentara cruzarlo.
Ahora será diferente.
Todo cambiará.
Esperaré que así,todo me vaya mejor.