Mi abuela se rascaba aprovechando que acababa de dar una vuelta completa a la labor de punto y que una de las agujas había quedado oportunamente liberada de la trama para aliviar su picor de espalda. Estábamos sentadas en torno una mesa camilla colocada frente al televisor bajo cuyas faldillas empezaba a renquear un brasero de picón. Cuando esto ocurría, mi abuela sustituía rápidamente la aguja por el atizador, y removía las brasas que desprendían, entonces, un intenso y reconfortante calor. Aprovechaba yo el momento para meter la cabeza bajo las faldillas de terciopelo verde y observar el rojo resplandor de los rescoldos abriéndose paso entre las bragas, los calcetines y los pañuelos tendidos en una cuerda estratégicamente clavada entre dos patas opuestas. De repente, cuando más aturdida estaba por el intenso calor y más ensimismada e hipnotizada por aquel magma de carbón, mi abuela me traía inmediatamente de vuelta a la realidad al grito de “¡niña, que te atufas!”, y yo sacaba, muy a mi pesar, la cabeza de aquel paraíso incandescente para volver a la tibia realidad de la televisión encendida y de las vecinas charloteando al otro lado de la calle.domingo, 19 de diciembre de 2010
Mi abuela se rascaba aprovechando que acababa de dar una vuelta completa a la labor de punto y que una de las agujas había quedado oportunamente liberada de la trama para aliviar su picor de espalda. Estábamos sentadas en torno una mesa camilla colocada frente al televisor bajo cuyas faldillas empezaba a renquear un brasero de picón. Cuando esto ocurría, mi abuela sustituía rápidamente la aguja por el atizador, y removía las brasas que desprendían, entonces, un intenso y reconfortante calor. Aprovechaba yo el momento para meter la cabeza bajo las faldillas de terciopelo verde y observar el rojo resplandor de los rescoldos abriéndose paso entre las bragas, los calcetines y los pañuelos tendidos en una cuerda estratégicamente clavada entre dos patas opuestas. De repente, cuando más aturdida estaba por el intenso calor y más ensimismada e hipnotizada por aquel magma de carbón, mi abuela me traía inmediatamente de vuelta a la realidad al grito de “¡niña, que te atufas!”, y yo sacaba, muy a mi pesar, la cabeza de aquel paraíso incandescente para volver a la tibia realidad de la televisión encendida y de las vecinas charloteando al otro lado de la calle.jueves, 16 de diciembre de 2010
No lo hagas.

Beberé.
No me importan las consecuencias. Me dije a mi misma.
Dije que solo sería un trago.
Pero una cosa llevó a la otra.
Ahora estoy en una acera tirada. Sin un lugar donde dormir.
Maldigo aquel primer trago.
Aquel ofrecimiento que me dieron.
"Solo es alcohol" decían.
Pero nadie me habló de la adicción.
De la necesidad.
Del "mono".
Del alcohol pasé al tabaco.
Pruébalo me decían.
"No es malo".
Me hicieron creérmelo.
Pegué una calada.
A la primera le siguió otra.
Y otra.
Otra más.
No podía parar.
Sin el tabaco no era nadie.
Era una pura obsesión.
Un día de fiesta me ofrecieron un porro.
No podía decir que no.
Además había oído que la sensación era genial.
Lo probé.
Otro error más a mi larga lista.
Me volví adicta.
Alcohol.Tabaco.Drogas.
Una noche me ofrecieron una pastilla.
Decían que te hacía sentir mejor.
La probé.
¿Qué podía perder?
Lo mezclé con alcohol.
Mezcla fatal.
Lo único que recuerdo es que desperté en el hospital.
Sin saber qué hacer.
Sola.
Abandonada.
Remordimientos.
Ojalá volviera a aquel día en que dije que sí.
Ojalá pudiera recuperar mi vida pasada.
Ahora ya es tarde.
Me han olvidado.
Estoy en la calle.
Sin nadie.
Sola.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Acciones puras

Acciones puras sin rastro de pensamientos,
arcos y balas,
escuetas, silbantes a ras de suelo.
Acciones puras sin rastro de pensamientos,
cimas altas,
montañas blancas,
azules glaciares de fuego.
Acciones puras sin rastro de pensamientos,
tifones de neurosis
y volcanes de lluvia
sobre un negro fuego.
Acciones puras.
sábado, 11 de diciembre de 2010
No.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Homenaje a lo que somos
Esto es un homenaje a los que amamos, a las circunstancias que se cruzaron para convertirnos en lo que somos.
Tornado
Aquella tarde se hizo repentinamente de noche y la lluvia y el viento azotaron la isla con una violencia imprevisible. Se invirtieron los árboles como un distorsionado reflejo de sí mismos, exhibiendo sus confusas raíces; volaron, entre hojas de papel y escombros, tejados de naves comerciales, se pusieron en huelga los semáforos hartos de sus extenuantes jornadas laborales. Las parejas que discutían en sus casas cesaron de hacerlo ante la inusitada reprimenda de la naturaleza desatada, ¡qué eran las vanas disputas familiares comparadas con aquel iracundo torbellino! Algunos niños se desmayaron inexplicablemente en sus aulas momentos antes de que el huracán irrumpiera en nuestras vidas atenazados por la tensión eléctrica de la atmósfera. Una desazón había reinado en las mentes de los habitantes de las islas, tan negra y espesa como la torrencial lluvia que dejó a hombres, mujeres y niños boquiabiertos ante tamaña intensidad derramada, ante aquella exhibición de grandeza que tan pequeños y unidos nos hacía sentir a todos.miércoles, 8 de diciembre de 2010
Imagina.

Imagina un mundo donde no importe tu color de piel.
Donde la raza no sea significativa.
Un lugar en el que tú impongas tus propias leyes.
Donde no haya ningún tipo de violéncia y los niños solo se preocupen de jugar.
Un lugar donde las armas lleven balas de agua y bombas de pompas de jabón.
Y que dormir sea lo más simple del mundo.
Sin preocupaciones ni agobios.
Imagina tu mundo ideal.
Nenúfares
Hay días lisérgicos y multicolores, hay días caleidoscópicos y brillantes como la perfecta procesión geométrica de cristales en un copo de nieve. Hay días tristes y anodinos, grises domingos de nubes deshilachadas. Hay días de tempestad y de calma, ingentes maremotos sin aparente salida; hay luminosas pinceladas de paz bajo la cegadora niebla de la noche. Hay ángeles dorados de largos cabellos, hay demonios enfebrecidos y obscenos buscando un alma a la que torturar, una sangre en la que inocular la duda. Hay palacios blancos de cristal, inmaculadas doncellas, pájaros de fuego y arena, y cenizas. Hay lluvia en el desierto, apartamentos abandonados en una playa invernal; pompas de jabón cayendo en picado como pesadas bolas de acero. Hay días de vértigo, de angustia incontrolada, de latidos lacerantes, de gritos nocturnos sin respuesta. Hay lágrimas de barro y cumbres grises en mesetas abandonadas. Hay luz sin sombra, camino sin destino y esperanza frustrada. Hay montañas y hay valles y hay serpenteantes arroyos soñando hipnóticas melodías desde sus profundidades. Hay sirenas de fuego, máscaras de barro, puntiagudos salientes en las rocas del abismo, un silencio ensordecedor, una calma muerta y aislada…Hay días diferentes unos de otros, pero tras esa aparente variedad, tras ese movimiento constante y periódico subyace una fuente, una fuente clara y serena donde habitan indolentes y aromáticos nenúfares.
Miedo
Libertad.
Querer.
Miedo.
Periquita
Soy Periquita,la diáspora libelulílica de la estación caliente,
el torrente ligero de la amapola dorada que esconde entre sus pétalos un recipiente secreto
dispuesto a ser hallado por el más osado, el menos discreto, el más valiente.
Soy el saliente del acantilado por el que caen en picado las hadas que se alejan de la orilla
para encontrar,
exhaustas,juguetonas y volátiles
a su tierno y frágil amado.
Espejos de cartón
El velo de las palabras

No hay respuestas para la cabeza y el corazón ignora si se equivoca, el sentido común se convierte en un lugar común, en una equívoca mezcla de opiniones ajenas, y navego contra la corriente de los juicios sin saber si lo hago por obstinación o certeza y sólo del amor obtengo respuesta, a pesar y más allá de todas las palabras del mundo.
martes, 7 de diciembre de 2010
Tuyos,míos,nuestros.
Ojalá.

Amor.
Palabra nombrada demasiadas veces a lo largo de una vida.
Sin saber si realmente valió la pena mencionarla.
Sin tener constancia de si esa simple palabreja surtió el efecto deseado en la persona oportuna.
Arrepentirse de usarla demasiado pronto, o tal vez, arrepentirse de no haberla usado con esa persona especial.
La palabra amor es relativa.
Ojalá algún día pueda gritar la palabra amor a los cuatro vientos y ser correspondida.
Ojalá.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Lluvia de azahar
Callar.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Larvas y mariposas

Quiero cerrar esta ventana desvencijada que empieza a deshacerse por la carcoma. Esta corroída por la vida y unos minúsculos túneles habitados por larvas componen su endeble esqueleto. Me pregunto si cuando caiga la ventana, se pulverice, se rinda ante la implacable glotonería, las larvas desentumecidas por la luz se convertirán en mariposas.
Sin toalla
Las cosas del querer y del desquerer.

No quiero.
No quiero tener que pensar más en el pasado, no quiero imaginarme un futuro a tu lado, no quiero que me mientas más, no quiero recordar tus besos, no quiero pararme a pensar en lo que pasé junto a ti, no quiero depender de ti, no quiero volver a ver tu rostro, no quiero volver a sentir tu piel, cálida, ni volver a recordar tu olor, ni quiero que me susurres nada al oído.
Tampoco quiero que me pidas perdón porque ya todo me da igual, porque no quiero volver a caer en el mismo pozo sin fondo, no quiero tenerte cerca nunca más, sería demasiado duro. Lo único que quiero es olvidarte.
Una meta.

Me propongo una meta.
Intento alcanzarla.
Si no lo consigo vuelvo a intentarlo.
La vida me ha enseñado a no rendirme nunca ante un simple altercado.
Lucho por lo que quiero.
Sé que al menos aunque no lo consiga lo he intentado.
No abandono por nada ni por nadie.
No huyo del problema, lo afronto con valentía.
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