lunes, 31 de enero de 2011

Cállate



"Cállate"
Porfavor, no digas nada más.
Escúchame.
Déjame terminar.
No me cortes.
Intento decirte la verdad.
No me ignores.
¿me oyes?
¡PARA!
Te estás alejando.
Vuelve porfavor.
¡NO! ese es el caimno equivocado, vuelve a mi lado.
No me dejes aquí sola.
Porfavor.
Vuelve.
Date la vuelta, cállate y escucha.
Porfavor, quítate los cascos, atiéndeme.
Te lo suplico.
No te vallas.

domingo, 30 de enero de 2011

Los dientes de la ballena


No siempre es posible dejar atrás el vientre de la ballena. El camino es hacia adelante, hacia donde sentimos miedo, hacia los agudos y poderosos dientes. El secreto es sentarse con la espalda recta y el ánimo ligero, ni turbado ni indolente, esperando el momento oportuno para atravesar el túnel que desemboca entre sus quijadas antes de que se cierren.

La madona llora

Llovía y llovía y los músicos de la banda que acompañaba a la procesión de Semana Santa tomaban algo caliente en el bar de la plaza. Después, sólo se veían negros paraguas goteando al final de sus impertinentes varillas. Y seguía lloviendo. Y al fondo, la Virgen se aproximaba con un suave y sugerente bamboleo, como una estrella de rock que se arrojara desde el escenario del cielo para caer de pie, en un inesperado milagro, sobre los fornidos hombros de los costaleros. Lloraba el cielo, lloraba persistentemente, como si se materializaran las lágrimas policromadas de la santa madona sobre los tensos trapecios de sus devotos admiradores. Y lloraba y lloraba el católico cielo, como todas las Semanas Santas. Y siguió lloviendo hasta que el cielo se hartó de hacerlo, hasta que todos se hubieron marchado a sus cálidas casas, quedando la plaza pulida y brillante de tanta agua, quedando triste, sola y desangelada, esperando a que otro año la Virgen se dignara a llorarla.

domingo, 16 de enero de 2011

A Candeloche

Por la noche,
como no me mareo en coche,
voy a la playa de Bariloche
y me dedico,
con otras señoritas de troche y moche,
al derroche
y al trasnoche,
y no hago ni pizca de caso
a los fantoches
que me dicen que me abroche,
Porque por la noche, os lo juro,
me encanta viajar en coche.

viernes, 7 de enero de 2011

Solo ellos.



Tentación, dulce tentación.
Ella,tímidamente, aproxima sus labios hacia los de él.
Le da miedo no ser correspondida.
En ese mismo instante, él hace lo mismo.
Cada vez están más y más cerca.
Durante un instante se miran fíjamente a los ojos.
Dicen que es el espejo del alma.
Ese instante, en el que no les importa nada.
Se pierden en un mar de besos.
No existe nada.
Solo ellos.
El amor.

jueves, 6 de enero de 2011

Dejar.



Habíamos quedado en nuestro sitio preferido.
Yo estaba emocionadísima.
Me vestí, me maquillé, me adorné con cosas que a mi no me gustaban pero a él sí.
Le esperé allí.
Las horas pasaban y él no aparecía.
De repente mi teléfono móvil empezó a sonar.
Miré la pantalla y era él.
Me dijo que no vendría, que no me quería ver más.
Colgué.
No quería oírle.
Agaché mi cabeza y me fui de aquel lugar, "nuestro" lugar.
Llegué a mi casa llorando. Desolada.
Él me había abandonado.
Me había dejado sola.
Sola.

Elegir.



Maldición.
Te dije que no lo probaras, que si empezabas no podrías parar, que al final, el tabaco ganaría la última batalla, que te alejaría de mi.
Te dije tantas cosas que no recuerdo ya.
Te supliqué que me hicieras caso, que no convenía que empezaras.
Te daba igual.
No razonabas.
Empezastes con uno, luego, con varios al día, de ahí a las cajas diarias.
No parabas.
Parecía que tu salud no te importaba, ni la mía.
Con mi mano en el corazón decidí alejarme de ti.
Decidí dejar de formar parte de tu vida, de tu entorno.
Un día se me ocurrió plantearte mi última esperanza.
O el tabaco, o yo.
Elegiste el tabaco.
Me dolió, mejor dicho, me destrozó.
Pasaban los meses.
Te buscaste a otra.
Me olvidaste.
Yo seguía pensando en ti.
Hasta que un día me dije a mi misma basta.
No merecías que derramara ni una lágrima más.
Salí de casa.
Y al final, te olvidé.

sábado, 1 de enero de 2011

Decidir.



Era lo único que le quedaba.
El amor.
Lo había perdido todo.
El trabajo, su casa, sus amigos, a su familia...
Su única esperanza era encontrar a alguien especial.
Lo intentó.
Conoció a una joven.
Tenía unos tres años menos que ella.
Se querían, mejor dicho, se amaban.
Todo era precioso.
Regalos, emoción, ilusión.
La pareja perfecta.
Él temía perderla.
Un día, sin saber por qué, ella desapareció de su vida.
Sin una nota.
Él, desconcertado, la buscó por todos los rincones del mundo.
Se maldijo a si mismo.
No pudo más.
Su situación le sobrepasó.
Su última esperanza era el amor, y él, lo acababa de perder sin razón.
Días más tarde se enteró que su amada no se había ido sin más.
Su amada había fallecido.
Estaba enferma, pero no lo quería confesar.
Le dejó una carta que él no leyó.
Él, decidió que sin su amada no querría vivir.
Su última decisión fue reencontrarse con ella.
Así lo hizo.
Perdió su vida.
Sin ella no quiso vivir más.
Se rindió.
Perdió.