Llovía y llovía y los músicos de la banda que acompañaba a la procesión de Semana Santa tomaban algo caliente en el bar de la plaza. Después, sólo se veían negros paraguas goteando al final de sus impertinentes varillas. Y seguía lloviendo. Y al fondo, la Virgen se aproximaba con un suave y sugerente bamboleo, como una estrella de rock que se arrojara desde el escenario del cielo para caer de pie, en un inesperado milagro, sobre los fornidos hombros de los costaleros. Lloraba el cielo, lloraba persistentemente, como si se materializaran las lágrimas policromadas de la santa madona sobre los tensos trapecios de sus devotos admiradores. Y lloraba y lloraba el católico cielo, como todas las Semanas Santas. Y siguió lloviendo hasta que el cielo se hartó de hacerlo, hasta que todos se hubieron marchado a sus cálidas casas, quedando la plaza pulida y brillante de tanta agua, quedando triste, sola y desangelada, esperando a que otro año la Virgen se dignara a llorarla.domingo, 30 de enero de 2011
La madona llora
Llovía y llovía y los músicos de la banda que acompañaba a la procesión de Semana Santa tomaban algo caliente en el bar de la plaza. Después, sólo se veían negros paraguas goteando al final de sus impertinentes varillas. Y seguía lloviendo. Y al fondo, la Virgen se aproximaba con un suave y sugerente bamboleo, como una estrella de rock que se arrojara desde el escenario del cielo para caer de pie, en un inesperado milagro, sobre los fornidos hombros de los costaleros. Lloraba el cielo, lloraba persistentemente, como si se materializaran las lágrimas policromadas de la santa madona sobre los tensos trapecios de sus devotos admiradores. Y lloraba y lloraba el católico cielo, como todas las Semanas Santas. Y siguió lloviendo hasta que el cielo se hartó de hacerlo, hasta que todos se hubieron marchado a sus cálidas casas, quedando la plaza pulida y brillante de tanta agua, quedando triste, sola y desangelada, esperando a que otro año la Virgen se dignara a llorarla.
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