
No siempre es posible dejar atrás el vientre de la ballena. El camino es hacia adelante, hacia donde sentimos miedo, hacia los agudos y poderosos dientes. El secreto es sentarse con la espalda recta y el ánimo ligero, ni turbado ni indolente, esperando el momento oportuno para atravesar el túnel que desemboca entre sus quijadas antes de que se cierren.
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