
Maldición.
Te dije que no lo probaras, que si empezabas no podrías parar, que al final, el tabaco ganaría la última batalla, que te alejaría de mi.
Te dije tantas cosas que no recuerdo ya.
Te supliqué que me hicieras caso, que no convenía que empezaras.
Te daba igual.
No razonabas.
Empezastes con uno, luego, con varios al día, de ahí a las cajas diarias.
No parabas.
Parecía que tu salud no te importaba, ni la mía.
Con mi mano en el corazón decidí alejarme de ti.
Decidí dejar de formar parte de tu vida, de tu entorno.
Un día se me ocurrió plantearte mi última esperanza.
O el tabaco, o yo.
Elegiste el tabaco.
Me dolió, mejor dicho, me destrozó.
Pasaban los meses.
Te buscaste a otra.
Me olvidaste.
Yo seguía pensando en ti.
Hasta que un día me dije a mi misma basta.
No merecías que derramara ni una lágrima más.
Salí de casa.
Y al final, te olvidé.
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