sábado, 1 de enero de 2011

Decidir.



Era lo único que le quedaba.
El amor.
Lo había perdido todo.
El trabajo, su casa, sus amigos, a su familia...
Su única esperanza era encontrar a alguien especial.
Lo intentó.
Conoció a una joven.
Tenía unos tres años menos que ella.
Se querían, mejor dicho, se amaban.
Todo era precioso.
Regalos, emoción, ilusión.
La pareja perfecta.
Él temía perderla.
Un día, sin saber por qué, ella desapareció de su vida.
Sin una nota.
Él, desconcertado, la buscó por todos los rincones del mundo.
Se maldijo a si mismo.
No pudo más.
Su situación le sobrepasó.
Su última esperanza era el amor, y él, lo acababa de perder sin razón.
Días más tarde se enteró que su amada no se había ido sin más.
Su amada había fallecido.
Estaba enferma, pero no lo quería confesar.
Le dejó una carta que él no leyó.
Él, decidió que sin su amada no querría vivir.
Su última decisión fue reencontrarse con ella.
Así lo hizo.
Perdió su vida.
Sin ella no quiso vivir más.
Se rindió.
Perdió.

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