domingo, 17 de abril de 2011

Felicidad.


Me desperté sobresaltada. No sabía dónde estaba. De repente, una flor cayó sobre mi rostro. Miré hacia lo alto y descubrí que me había quedado dormida bajo un precioso árbol con las flores más bonitas que mis ojos habían visto en su corta, pero intensa, vida.Intenté recordar cómo había podido llegar hasta ese lugar tan perfecto, parecía irreal. El olor a campo me apaciguaba y hacia que cualquier pensamiento negativo se esfumara. Aquel lugar desprendía felicidad. Seguía sin saber cómo había llegado hasta ahí pero no me importaba. Me sentía a gusto rodeada de tanta belleza natural. A lo lejos, avisté una motocicleta discreta, con un libro sobre el asiento. Recordé de repente que horas antes me disponía a dirigirme a la biblioteca cuando me desvié y acabé en aquel prado precioso y decidí hacer un descanso tumbándome.Es extraño, pero cuando te sientes a gusto no quieres regresar a la realidad. Prefieres bloquear cualquier recuerdo que te haga volver. Recogí mis cosas y me dirigí hacia el camino correcto. Aunque intenté durante años volver a visitar aquel lugar, no lo volví a encontrar. Es como si el mundo me hubiera querido regalar unas horas de tranquilidad. Me sentí afortunada.

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