En el fondo del mar
El mundo no es el que está dentro de mí, dentro de mi cabeza, en mis razonamientos dialécticos, en un nivel de mediana profundidad; más adentro, dentro del todo, donde el mí se desdibuja, sí está el mundo real; o al menos el mundo en el que quiero vivir, del que quiero beber El reino intermedio y cambiable es el de la química, el de los neurotransmisores, el de la dopamina y la serotonina: el mundo intermedio es engañoso. El mundo exterior, como el interior, son reflejos el uno del otro, dependen de lo que yo decida proyectar o crear. El único indicador seguro para quienes tienden a distorsionar el mundo intermedio y, por ende, el externo, es el terreno primordial del caldo de mentes, el pacífico mar en el que se disuelven las neurosis individuales. Hay en él tres premisas fundamentales: respirar, sintonizarse y dejarse llevar. El mundo del mar profundo no es rápido y desaforado, es pausado y musical, no atiende a extraños retorcimientos y a desdobles; no es belicoso, sino indolentemente amoroso. No quiere herir ni competir, no quiere protegerse de nada ni de nadie, no quiere luchar. El reino del mar es solo uno. Puedes refugiarte en él siempre que lo desees y sólo tienes que respirar y olvidarte de todo… El mundo no es un lugar peligroso, no necesitas protegerte ni pelear… Luego puedes salir a la superficie y construir tu mundo externo con lo que aprendiste allí. No sigas las indicaciones del mundo intermedio porque son engañosas. Podrías perderte en razonamientos que parten de una premisa equivocada y construir un mundo atrofiado y mutante. Si el mundo intermedio no ha cogido demasiada fuerza, si no te ha envuelto totalmente con sus redes, tienes la posibilidad de desenmascararlo; posiblemente nunca dejes de oírle, pero dejarás de escucharle y de seguir sus indicaciones. Esporádicamente tratará de poseerte, especialmente cuando el mundo físico se encuentre debilitado, cuando las defensas estén diezmadas intentará de nuevo hacerse con el poder; pero no le escuches, vuelve a bucear y emerge vivificado. Él siempre está ahí, junto a todos los que viven y vivieron, en el lugar sin fronteras en que la muerte se desdibuja y la vida parece ser más luminosa que nunca, más auténtica que en cualquier lugar. Sólo bebiendo de allí podrás sortear las olas encabritadas del mundo intermedio, las distorsiones mentales y los juicios erróneos, y llegar a la playa del mundo externo en brazos de una suave ola que te depositará sobre las frescas arenas del armonioso mundo con el que siempre soñaste.
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