sábado, 9 de julio de 2011

Discurso al senado descentralizado de Aldeania




Hay viejos y nuevos mundos que luchan por la supremacía. Ambos pelean sin ser conscientes de que son igual de importantes en el proceso al tercer paso en el que han de contenerse. La tensión no desaparecería con esta conciencia; pero al menos sería admitida como un proceso necesario para el cambio que se avecina. Si los nuevos mundos caminaran exclusivamente a la velocidad imprimida por su entusiasmo, fenecerían desintegrados por el exceso inasumible de su avance. Si los viejos mundos no vieran sacudidos sus cimientos por la efusividad explosiva de sus contrarios, se anquilosarían hasta morir de estancamiento. Así pues, tanto las fuerzas retrógradas como las progresivas, son necesarias. Teniendo en cuenta este hecho, se hace inevitable el consenso. Cada parte habrá de ver más allá de su propia tendencia parcial, para discernir lo que las circunstancias son capaces de asimilar.

Ésta es mi opinión, y me agradaría sobremanera que fuera escuchada por sus señorías lo más desprejuiciadamente posible. El contorno de Hielolandia ha comenzado a fundirse y el avance inexorable de las aguas amenaza con inundar las costas de Barén y las de Almenia. Se ha procedido a llevar a cabo las primeras tareas de evacuación de la población, si bien la cuestión es ahora alojar a más de 10.000 refugiados. Los campos de Salia y Benter están abarrotados y sufren carencia de agua y alimentos frescos. Están produciéndose brotes de escorbuto en el 70% de ellos, por no hablar del virus de la demencia y la claustropatía. Ha llegado el momento de acabar con estas soluciones miopes que no hacen sino retrasar una toma de decisiones honrada que tenga en cuenta el futuro incierto y desolador al que estamos abocando a nuestros hijos. ¡Debemos despertar! ¡Cambiar nuestra forma de vida! Es la única solución. Debemos saber de qué cosas podemos prescindir y hacer de este conocimiento una actitud coherente. Ha llegado el momento de compartir ¡No podemos seguir manteniendo a cualquier precio este sistema cuya falsa opulencia depende de la desdicha ajena!

Volvemos a cometer los mismos errores que en el pasado. El grupo genetista ha caído en el delirio y trata de construir un nuevo mundo que, valga la ironía, hace aguas por todos lados. Las cúpulas microclimáticas han resultado ser inviables, pues no hacen sino desequilibrar aún más el ecosistema planetario. Todos los grupos aquí presentes decidimos hace unas décadas llegar a un acuerdo para reforestar y repoblar las diferentes zonas del planeta atendiendo únicamente a un criterio equilibrador del ecosistema; pero lo cierto es que la sana intención de los principios ha ido olvidándose para atender exclusivamente a las demandas de un mercado emergente que solicita, por puro capricho, los más variopintas y estrambóticas repoblaciones. Queremos construir urbanizaciones de lujo a gusto del consumidor sin tener en cuenta los perjuicios que implica transformar la fauna y la flora de cada zona concreta del planeta. Los gustos antojadizos de las clases adineradas se han convertido en el único criterio para la reforestación y la repoblación animal. Ofrecemos naturaleza a la carta: lujosas mansiones con su pequeña Antártida en la azotea, gloriosas avenidas enmarcadas por árboles centenarios cuya robustez y frondosidad se proyecta y alcanza en un solo año, por no hablar de los millonarios que solicitan para sus mansiones una reproducción exacta del bosque en el que pasaron su infancia con ardillas y tejones incluidos a sólo 2 km del centro de la ciudad o de los novios que contratan un día de nieve en agosto para celebrar una boda original, nunca vista, con sacerdote esquimal y pingüinos a juego con el frac de los invitados. El virus de la demencia, en alarmante ascenso en los campos de refugiados, no es sino la muestra microcósmica de lo que está ocurriendo en el planeta. Nuestra tierra se está volviendo loca, y ya no sabe si ha de llover o nevar o abrirse en canal para tragarnos y expulsarnos de su superficie como un virus indeseable del que hubiera que deshacerse para sobrevivir.

Los ecologistas han dejado de ser una alternativa viable. El suelo está tan diezmado y la meteorología ha llegado a ser tan imprevisible que, desgraciadamente, los métodos tradicionales resultan inviables por su ineficacia. Esta terquedad, esta supuesta pureza que pretende salvaguardar el planeta ha devenido una actitud elitista, pues sólo las clases privilegiadas pueden permitirse cultivar o nutrirse con los alimentos, supuestamente naturales, inducidos por la llamada tecnología ecológica, cuyo monopolio se halla en manos de las fuerzas progresistas.

El grupo independiente, al que pertenezco, ha dejado de rendirle tributo a su nombre, pues no presenta ninguna medida creativa, propia, sino que se limita a alinearse con el partido ecologista o genetista en función de criterios, desde mi punto de vista, reprochables.

No trato, aunque pudiera parecer lo contrario, de ser derrotista. Apelo, en lugar de ello, a la colaboración para implantar medidas globales que nos beneficien a todos. Ha llegado el momento de quitarnos la venda de los ojos antes de que sea demasiado tarde.

El mundo nos espera, el planeta está ansioso de consenso, necesita que sus hijos maduren, que dejen atrás la egocéntrica adolescencia y saquen por fin, la enseñanza necesaria de los estragos cometidos caminando juntos a favor de un objetivo común. Las batallas han de acabar. Ya no tiene sentido luchar contra el enemigo. No hay enemigos, sino seres humanos vinculados por una tarea: la del bien común. La política volverá a sus orígenes y las gentes se sentirán orgullosas de sus gobiernos, porque, como políticos, habremos elegido la más ardua y la más gratificante de las tareas: ayudar a los demás y, a la postre, ayudarnos a nosotros mismos.

Esto es todo. Muchas gracias, señores y señoras del Senado.

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