viernes, 11 de febrero de 2011

Aldeania

Las calles de Aldeania estaban abarrotadas de gente y vehículos de propulsión solar accionados por baterías recargables. Convivían de manera inarmónica y caótica edificios de 8 plantas y pequeñas granjas experimentales con huertos ecológicos y vivienda adosada. Las zonas verdes proliferaban, pues se reforestaba aplicando una hormona vegetal de crecimiento que aceleraba el desarrollo natural en 100 veces. Los resultados eran magníficos, tanto que los árboles presentaban una perfección inquietante interrumpida aleatoriamente por una secuencia calculada con esa matemática propia de las máquinas e impropia del cosmos.
Se construían urbanizaciones de lujo a petición del consumidor sin tener en cuenta los perjuicios que implicaba transformar la fauna y la flora de cada zona concreta del planeta, ya que los gustos antojadizos de las clases adineradas se habían convertido en el único criterio para la reforestación y la repoblación animal. Se ofrecía naturaleza a la carta: lujosas mansiones con su pequeña Antártida en la azotea, gloriosas avenidas enmarcadas por árboles centenarios cuya robustez y frondosidad se proyectaba y alcanzaba en un solo año, por no hablar de los millonarios que solicitaban para sus mansiones una reproducción exacta del bosque en el que pasaron su infancia -con ardillas y tejones incluidos-, a sólo 2 km del centro de la ciudad, o de los novios que contrataban un día de nieve en agosto para celebrar una boda original, nunca vista, con sacerdote esquimal y pingüinos a tono con el frac de los invitados.

Así era Aldeania, un lugar prefabricado, un parque temático de sí misma, un enclave geográfico que no constituía, sino la plasmación física de los arbitrarios caprichos de los adinerados encubiertos de buenas intenciones, de inteligentes discursos políticos que pretendían el bien común; una realidad virtual que había saltado de los ordenadores para instalarse en nuestras vidas físicas. Un horror maquillado y asumible que nos iba engullendo implacablemente, cada día…


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